Yo sabía que hoy iba a pasar algo raro. Como cuando lo presagiás, lo presentís, tenés algo que te dice "preparate para que te garchen de parada" en la mañana, y andás con doble cuidado. Le dicen instinto femenino, no sé, no sé si lo tengo. El instinto, la feminidad sí. Bah, el sexo seguramente, no sé si la delicadeza.
Pero entonces pasé un día normal. El laburo tranqui, la misma locura de mi jefa de siempre, así que nada de qué quejarse que sea nuevo. El viaje tranqui, no tenía planeadas muchas cosas. No me robaron nada, no me apoyaron nada que valga la pena renombrar de antemano, así que, sí, todo parecía normal. Pero entonces me llama mi prima, y dije "cagamos, palmó alguien". Pero no, tampoco; simplemente necesitaba que vaya a ayudar con mi sobrino. Normal, supuse. El día transcurría aburrido, sobre las mismas ruedas rutinarias de todos los días; no había nada que destacar, y ya a esa altura me di cuenta de que mi instinto tenía mala señal o algo. Hasta que se hizo la luz, y apareció.
¿Viste el tipo que se te hace el guapo, el langa, simplemente al puro pedo? Vos como que no sabés si reírte por la gracia pedorra o por la boludes aparente del chabón. Hoy a la tarde me subo al colectivo y le pregunto al chofer, con toda la onda del mundo, cuánto sale el boleto hasta la estación. Y el siome nomas, con horrendos lentes de plástico, que imitan unos deportivos chotísimos, me responde medio socarrón: - Cinco pesos.
Y yo ahí amagué a una sonrisa, suponiendo que el tipo no sé, se había desayunado un payaso o algo, pero no pareció inmutarse en absoluto. Entonces empezé a pensar que con la inflación que nos sorprende diariamente, podía hacerme a la idea muy exageradamente de que el boleto había aumentado tanto de la noche a la mañana, porque en realidad hacía mucho que no me iba en colectivo hasta la casa de mi prima. Es viable en este entretenido mundo de locos que el boleto se nos vaya a cinco pesos.
Me empezé a preguntar si tenía cinco pesos en monedas, ponele, porque no tenía Sube en ese artefacto rudimentario, y ahí es cuando el tipo, tranquilísimo, embadurnándose en su propio jugo, su mismísima boludes, me medio sonríe y me mira por arriba de sus lentes a tiempo que tira un escueto: - Uno diez.
Yo, la verdad, he aclarado de antemano que ser incorrectacon la gente no me gusta. Y pregunté porque es algo natural, porque tenía la duda, y porque hacía años que no tomaba ese puto cacharro que se hacía llamar colectivo. Además, te la retruco. En las instrucciones de las maquinitas dice expresamente, si mal no recuerdo "indique su destino al conductor". Ahora, ¿qué pasa si el conductor que te toca de turno es un ridículo que tiene ganas de hacerse el gracioso con alguien y vos por lo visto sos la boluda más accesible a la redonda? En vez de "rompa el vidrio con el martillo" tendríamos que tener otro martillo más, algún aparato, una 9 mm., algún guión con una respuesta ingeniosa que no te haga quedar tan boluda. Algo eficaz para el momento en que se cruza un boludo con ganas de satirizarte el día con el crédulo pensamiento de que el pobre infelíz es simpático. ¿Con qué necesidad? ¡Potenciás a un pelotudo! Apuesto con muchas ganas que debe de describirse a sí mismo con un patético "soy muy gracioso" en cualquier formulario de solos y solas.
Y es ahí, después de que obtenés tu merecido boleto, que te sentás y no podés creer por qué tenés más fé en el mundo alrededor, lleno de especímenes como éste, y no te tenés confianza a vos misma. Es como que a propósito de la intuición femenina, pensás que la próxima le seguís el ritmo a la tuya. Que baqueteada y todo, está, definitivamente está. En una de esas la próxima la dejás pasar, la das a menos, y te vuelve a tocas un boludo que, encima, se cree el gracioso.
martes, 20 de septiembre de 2011
jueves, 8 de septiembre de 2011
Ya lo sabía
Mi vieja me dice que tengo que cambiar mi caracter de mierda. Mi viejo me pasa por alto, me llama y me dice que me tranquilize al mejor estilo de negociador con terroristas, y mi hermana se queja de que ya me estoy poniendo insoportable. A mi hermano ya ni lo saludo, se manda tantas cagadas que creo que el tratar de evidenciar que no existe haciendo no uso de mi poco interesante ignorancia no va a tener ningún resultado. Pero igual, no lo saludo. La pareja de mi mamá se calla y se ríe para no asentir con que estoy insoportable - y para no pelearse con mi vieja porque sabe que ella también tiene un carácter de mierda. Me olvidé el cumpleaños de mi sobrino y me siento una basura, pero estoy pidiéndole clemencia a Dios para que mi tía no me rompa las pelotas cuando vaya para la casa. Mi prima que no deja de preguntarme con quién, haciendo qué, adónde, cuándo y por qué - como si no fuera obvio en varios casos. Mi abuelo me parece que se está volviendo más viejo verde cada día, tanto que pensé seriamente en dejar de saludarlo pero después caí en cuenta de que está medio sordo; si lo dejo de saludar como que no me va a hacer mucho caso, va a pensar que no me escuchó, así que estamos en las mismas. Mi jefa me tiene podrida, podridísima. Y cambié todos los relojes de la oficina a cinco minutos después a ver si la muy yegua se digna a dejarme cinco minutos de paz antes de irse a buscar ella a su engendro del demonio y yo volver a mi casa. A mi vecina ya la mandé al carajo tres veces. Los albañiles de la cuadra anterior ya ni me piropean de la mala onda que llevo encima, aunque cada vez vaya con escote más pronunciado.
El perro es el único que me tiene paciencia: pasó de morderme los pantalones cuando me voy, a simplemente romperme las mangas de los sacos y revolear mis pantuflas por toda la casa.
¿Vieron? Yo sabia que empezar a salir con alguien me iba a poner peor. Mucho peor.
El perro es el único que me tiene paciencia: pasó de morderme los pantalones cuando me voy, a simplemente romperme las mangas de los sacos y revolear mis pantuflas por toda la casa.
¿Vieron? Yo sabia que empezar a salir con alguien me iba a poner peor. Mucho peor.
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