Mi vieja me dice que tengo que cambiar mi caracter de mierda. Mi viejo me pasa por alto, me llama y me dice que me tranquilize al mejor estilo de negociador con terroristas, y mi hermana se queja de que ya me estoy poniendo insoportable. A mi hermano ya ni lo saludo, se manda tantas cagadas que creo que el tratar de evidenciar que no existe haciendo no uso de mi poco interesante ignorancia no va a tener ningún resultado. Pero igual, no lo saludo. La pareja de mi mamá se calla y se ríe para no asentir con que estoy insoportable - y para no pelearse con mi vieja porque sabe que ella también tiene un carácter de mierda. Me olvidé el cumpleaños de mi sobrino y me siento una basura, pero estoy pidiéndole clemencia a Dios para que mi tía no me rompa las pelotas cuando vaya para la casa. Mi prima que no deja de preguntarme con quién, haciendo qué, adónde, cuándo y por qué - como si no fuera obvio en varios casos. Mi abuelo me parece que se está volviendo más viejo verde cada día, tanto que pensé seriamente en dejar de saludarlo pero después caí en cuenta de que está medio sordo; si lo dejo de saludar como que no me va a hacer mucho caso, va a pensar que no me escuchó, así que estamos en las mismas. Mi jefa me tiene podrida, podridísima. Y cambié todos los relojes de la oficina a cinco minutos después a ver si la muy yegua se digna a dejarme cinco minutos de paz antes de irse a buscar ella a su engendro del demonio y yo volver a mi casa. A mi vecina ya la mandé al carajo tres veces. Los albañiles de la cuadra anterior ya ni me piropean de la mala onda que llevo encima, aunque cada vez vaya con escote más pronunciado.
El perro es el único que me tiene paciencia: pasó de morderme los pantalones cuando me voy, a simplemente romperme las mangas de los sacos y revolear mis pantuflas por toda la casa.
¿Vieron? Yo sabia que empezar a salir con alguien me iba a poner peor. Mucho peor.
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