domingo, 12 de junio de 2011

Conjuntivitis

En el mundo de hoy, así como lo vemos, transitamos y creamos (hagámonos cargo), lo único que masticamos diariamente es realismo. La televisión invade las vidas de los demás para mostrarnos todas las miserias y desencantos de la vida cotidiana. Las novelas son escritas con un sinuoso tumulto de razones por las cuales las cosas que debemos creer son lo suficientemente justificadas para efectivamente, hacerlo. Las obras de teatro, los momentos memorables de nuestro día, el comentario del almacenero del barrio, la charla de las viejas de la esquina o la llamada por teléfono de una novia enamoradiza a su novio de turno. Todo carece ya de fantasía, es todo de repente, golpeando en la cabeza como una masa contra la mesada de mármol, para que se vuelva lisa y homogénea como nuestro pensamiento.

¿Cómo me doy cuenta de esto? Fácil. Me agarró conjuntivitis.

La última vez que me dio conjuntivitis, ponele, tenía como mucho nueve años. Me daba pavor, realmente cada día era un despertar horrorizada cuando esto sucedía. Porque cada vez que me levantaba, sentía que me había quedado ciega por no comer suficiente zanahoria en la cena, pensaba que el mundo había perdido los colores, que alguien había tapado el sol con unas garras que eran tan oscuras como para no llegar a verlas en la penumbra. Mi mente imaginaba, fantaseaba con que me habían secuestrado extraterrestres y me habían llevado hacia la negrura infinita del universo, o que mi hermana había decidido, finalmente, sacarme los ojos de cuajo por haberle leído la página veintiséis del diario íntimo, donde confesaba que le gustaba Mauro, el compañero de colegio.

Hasta que después de exaltarme, respirar tan fuerte como para sollozar y desesperar a mi papá, abría los ojos separando dolorosamente las pestañas; para ir despegando los párpados a la realidad soporífera. Y solamente ahí, volvía a sentirme a salvo, pasándome las manitos por los ojos como rogando que no volviera a pasar eso, que la fantasía no me adueñara de nuevo y que la confortable realidad siempre quedara.

Hoy me levanté con los ojos pegados, como cuando tenía nueve años, y si no hubiera sido por las lagañas creo que ni lo notaba; sin pensarlo me despegué las pestañas rápido, con un insulso movimiento de dedos separando los párpados, sin imaginar nada, sin rememorar a los extraterrestres ni a Mauro ni a mi hermana, ni la negrura infinita del universo.

Me sentí grande, pero mal; me sentí perdida en la realidad que antes, justamente, me confortaba.

2 comentarios:

  1. Cierto, cierto... por eso es que tenemos que esforzarnos por hacer más humana la realidad que vivimos, no? Me gustó, Gurisa! Conjuntivitis selectiva para vos!

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  2. Maris! bienvenida y gracias por pasarte. A veces uno tiene esos ratos de reflexión y dice "quiero tener conjuntivitis de nuevo!". Después pasan, como todo.

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