Es fácil y práctico. No se necesitan aduladores, ni siquiera un autoestima a prueba de todo. Lo importante es no prescindir de un sentido común bastante retórico, o lógico digamos. Yo no necesito de los halagos de los demás, porque me llego a sentir bien sola. A comparación de los demás, uno mismo siempre está mejor.
Cuando salimos a bailar, tal vez me venga el bajon. Paso dos horas pensando en qué ponerme, para después lamentarme bajo el pensamiendo de que sin esos kilitos de más podría vestirme como una diva con toda la soltura del mundo y no me sentiría ridícula haciéndolo. Pero bueno, se me pasa. Estando en el pub, sin quererlo, tal vez me cruzo la vista con una chica espectacularmente peinada, con un vestido cortito y bien entallado al cuerpo. Literalmente, con esas tiras en la espalda parece un matambre, y si algo de maquillaje en la cara le sobraba, era justo el cual le faltaba para tapar uno que otro granito en la espalda.. Yo, al menos, tengo la cordura para no ponerme algo así. Cuando volteo la cabeza, me topo con una que parece haber salido de la jaula hace poquito. No tendrá ni 21 años, la criatura de Dios, y ya está refregándose contra cuanto símbolo fálico pase por delante de sus ojos. La música no la ayuda, claro, diciendo "me pasaría la noche dándole" y ella haciendo un gesto algo sado que sería de buen gusto siquiera si lo hiciera con las piernas un poquito más cerraditas.
Generalmente mi reacción ante estos momentos es nula. Las chicas bailando desenfrenadas, otras amatambradas por un vestido que no te queda bien, chiquita, me he encontrado con chicas que se ponían hasta tres corpiños para aparentar más busto (lo peor: uno era violeta, uno rojo, y uno blanco) o mastodontes vestidos de gala con unos tacos que desafían las leyes de la gravedad. No faltan nunca las modositas, vestidas para salir a la plaza a las cinco de la tarde y cayeron ahí de golpe y porrazo, como así también las agrandadas, paseándose nomas para hacer desfile.
Yo, vestida con una camisita algo escotada y un jean ajustado, me veo las botas de cuero con taco, lindas en lo normal, y las comparo. ¿Tendría que vestirme así como esas? Matarme tanto para salir un sábado a la noche, cagarme de frío con vestidos que realmente, no me quedarían bien... no creo. No creo que deba producirme tanto para una salida típica. Dios sabrá qué andan buscando aquellas. Porque por donde salgo yo, mucho señor grande con plata no van a conseguir, tendría que avisarles.
Entonces ahí me viene el espasmo de felicidad momentánea, que me da la adrenalina y las ganas para seguir bailando toda la noche, importándome muy poco si me encaran a mi mucho menos que a esos gatos deambulando por la pista. Me digo que estoy mejor, estoy más cómoda, estoy más divertida y más ubicada. Soy más, porque ellas parecerán más pero son menos. A mi punto de vista, al punto de vista de lo racional, de lo lógico, de lo feminista, si querés.
Me deleito con las botas blancas de una, combinando con una cartera marron comprada en un todo por dos pesos. Me río con ganas cuando veo a una con las tetas moldeadas de papel higuiénico apenas sale del baño. No me aguanto a ver despectivamente aquellas que están tan horriblemente combinadas, como a esas que estan perfectamente vestidas de pies a cabeza con animal print. Porque yo disfruto, bailo sin que se me acalambren los pies y tenga que andar pisando huevos. Me visto como una persona normal, con ropa normal. Sugerente, claro, pero no regalándome tácitamente al primero que me de un trago. No, gracias. No me dan ganas de ser así, no lo digo por envidiosa encubierta, believe me. Pasa que yo las miro y me digo, ¿para qué necesito los piropos que no me dicen a mí y sí a ellas?
Si con las tremendas panzadas de deliciosos pecados de la moda que ellas cometen, yo ya tengo gula para rato.
De acuerdo con todo. Horas produciéndose para quedar peor... escondiendo lo que sí tienen y rellenando con papel lo que les falta...
ResponderEliminar