lunes, 6 de junio de 2011

Ilusión in vitro

Uno se va armando la cabeza en torno a las cosas. Inevitablemente, aunque quiera desear lo contrario o se intente convencer a uno mismo de que eso que está planteándose como futuro, es inevitablemente una probabilidad, no un destino.Pero así y todo, seguramente hacemos lo mismo.

Hoy a la mañana acompañé a una amiga a la clínica. Estaba con dolor de ovarios, en el vientre y las piernas hace semanas, además de tener un período muy irregular. Como se tomó bastantes pastillas que solamente le hacían cosquillas a las molestias, me preguntó anoche si podía acompañarla y hoy quedamos en ir temprano a la guardia de ginecología.

Daniela ya tuvo un aborto, no inducido, cuando quedó embarazada de un novio que mejor perderlo a encontrarlo. La marcó mucho, en maneras que a mi ni me entran en la cabeza poder imaginar; - son pocas las formas en que uno piensa sobre la vida y lo que vale después de haber perdido un primer hijo-, dijo ella. Pero después de casi un año, volvió a estar bien. Lo encontró a Fede, un tipo que dentro de todo es buen chabon, no se le ven malas intenciones ni por dentro ni por fuera, y está perdidamente enamorado de ella. Con sus muchas, muchísimas inseguridades incluidas y todas las boludeces que este estado patético genera.

Pero Dani volvió a creer, volvió a estar con él aguantándole todo y entregando mucho de sí. Paciencia, tiempo, cariño y delicadeza; cosas que no le muestra a casi nadie. Con sus idas y vueltas, hace más de un año que están juntos y hace dos meses que ella insiste en garchar sin forro, con él acabando adentro "con toda la furia" como suele decirme cuando se desinhibe un poco. Y aunque yo creo que es una locura embarazarse antes de los treinta, no puede evitar estar ansiosa a que el destino le muestre las cartas, pero sin hacerse la cabeza. El sí o el no son respuestas, ella espera cualquiera de las dos.

Por esto, mis nervios cuando me contaba de sus dolores, sobretodo el del vientre, se hicieron evidentes a una sola cosa. Embarazo. Llegó y voy a ser madrina, pensemos en nombres, yo le voy a regalar un babero de Vélez mientras que ella uno de Chacarita y Fede uno de Racing. Tremenda trifulca iba a armarse en la sala de parto. Minutos después en los que le insistí por una respuesta de una buena vez, íbamos a la clínica en colectivo, porque después de saber la noticia sabía que no iba a poder manejar.

Entrada, papeleo, sala de espera, silencio entre ambas y muchos pensamientos formando un eco inevitable. Había una chica de unos quince, como mucho diecisiete años, con un chico con cara de "yo no fui" haciéndole guardia al lado. Parecían que habían caído ahí sin saber cómo. Había una mujer grande, regordeta y de pelo corto, acompañando a una pareja en la que la chica parecía estar muy cansada y abatida. Llaman a mi amiga, y después de ofrecerle el lugar a la pareja pues la chica se veía muy mal, le dijo que no era nada, que estaba bien y pasó ella. Afuera seguí pensando en esto, en cómo iba a ser. En dónde iba a vivir, si se iba a mudar con él, si iba a verla tan seguido como ahora o iba a cambiar mucho. De seguro iban a cambiar innumerables cosas, probablemente no la iba a ver tanto a ella. Después volví a cavilar sobre eso y sonreí; no, seguramente la iba a ver mucho, muchísimo más.

Sale -el tiempo se hizo muy corto- y me dice que vayamos al laboratorio. Mientras bajábamos las escaleras, con la receta de un examen de orina y uno de sangre en la mano, yo ya sentía que las piernas me temblaban. Ella sonreía y me decía que me tranquilizara, que la que debía de estar nerviosa era ella. Pero antes que nada, me dijo aquello por lo que ahora vengo a escribir la situación: "No te adelantes a las cosas".

Hicimos el examen y nos sentamos a esperar los resultados en una escalera medio escondida, hablando de la clínica, de la doctora, y yo obviamente le dije que apenas llegaba a casa iba a publicar algo en facebook, para que Fede se enterara que era padre por una notificación. Iba a ser mi última voluntad, claro, porque si aquello fuera a pasar juró matarme inmediatamente después.

Y fue corto, conciso, como cuando te sacás una curita para ponerte otra nueva y no hay más cicatriz. Una desilusión ambigua, rara. La llamaron, diciendo mal su apellido como casi siempre, y le entregaron el sobre. No dio mucha vuelta porque no le gusta dar mucha vuelta con esas cosas. Y fue como si de repente todo el cuarto, el moisés, la ropa chiquita y el babero de Vélez se hubiera esfumado al simple segundo después de haber leído "Negativo". A ella no le dije nada. "Parece que todavía no es el momento", me dije para adentro.

Daniela todavía no va a ser madre, yo todavía no voy a ser madrina. No sabe si quiere, tampoco si no quiere serlo, sin embargo la realidad todavía no la hizo decidir acomodar sus ideas a fuerza de una decisión ya fecundada. En cambio, por mi parte, la ilusión la vengo gestando hace meses.

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